De un tiempo para acá me he propuesto sacar algunas frases de mi vocabulario y pensamiento. ¿Porqué lo he hecho? Porque creo que mis palabras y pensamientos (también mi lenguaje corporal) impactan directamente en mis ACCIONES. Y estoy buscando hacer acciones que me ayuden a Supervivir.

 

Me gusta imaginar cómo mis pensamientos y palabras hacen ciertas “conexiones” a nivel cerebral y emocional; conexiones que luego regresan transformadas en ACCIONES para el mundo. Estas conexiones se entienden con la teoría de la Programación Neurolinguística. La Universidad de Harvard define Programación Neurolinguística como: “aquello que tiene que ver con los patrones o programas creados por las interacciones entre el cerebro, el lenguaje y el cuerpo, y que producen conductas efectivas e inefectivas”.

 

Quiero quitar las frases o pensamientos que me producen conductas inefectivas o contrarias a la Supervivencia. Les comparto aquellas que más me han costado:

 

1.- “Hay que…”. Mi amigo y ex-socio René me enseñó a quitarla de mi vocabulario.  “Hay que hacer el reporte”. “Hay que levantarse temprano”. “Hay que comer bien”. “Hay que hacer ejercicio”. “Hay que buscar dinero”. El “hay que” no apunta a ningún responsable. ¡No me apunta como responsable! ¿Cómo lo he sustituido? Con nombre y apellido. Prefiero decir: “Me voy a levantar temprano”. “Mañana comeré muy sano”. “María por favor ayúdame a preparar este reporte para el próximo viernes”. Te invito a comunicar claramente quién es el responsable de tus acciones.

 

2.- “Odio”. Me di cuenta que usaba esta palabra muy, pero muy fácil, y a veces en tono de burla o broma. “Odio el tráfico”. “Odio cocinar”. “Odio ir al doctor”. “Odio levantarme tan temprano”. “Odio…odio…odio”. ¿Realmente es un sentimiento de “odio”? Estoy segura que no. Sin embargo, mi cerebro está captando que yo ¡”ODIO”! Y se la cree. Si algo me disgusta, qué es totalmente válido, lo reconozco así: no-me-gusta. Y cuando es inevitable, busco enlistar algunas bondades de hacer aquello que me desagrada. ¡Y las encuentro! También me ayuda sustituir el verbo “odiar” por algunas frases como: “Definitivo prefiero manejar en horas sin tanto tráfico”. “Me encanta que alguien cocine por mi”. “Qué rico es dormir un poco más los fines de semana”. “Gracias a Dios los doctores me ayudan”.

 

3.- “Me muero”. Otra frase que uso muy a la ligera, tanto para cosas buenas, cosas que deseo, como para otras no tan buenas o apetecibles. De hecho, generalmente la uso de forma dramática: “Muero por un helado”. “Me muero del miedo con esa película”. “Muero por irme de viaje”. “Me muero si me diagnostican esa enfermedad”. Y pensando en que el cerebro conecta palabras, pensamientos, movimientos con mis acciones y conductas….prefiero sacar el “me muero” de mi vocabulario. Yo QUIERO vivir.

 

4.- “Tengo que…”. ¿Quién me obliga? Ojalá que nadie. Esta es una decisión bastante personal. Cambiar el “tengo que” por un “quiero que” no es cosa sencilla; sin embargo, es posible. “Tengo que ir a este lugar” por un “Quiero ir a este lugar”. “Tengo que tomarme esta medicina” por un “Quiero tomarme esta medicina”. Estoy segura que las acciones derivadas de este cambio serán mucho mejores. Esto lo apliqué, específicamente, cuando iba a iniciar quimios. ¿Tenía qué ponerme quimios? Pues parecía que sí. Sin embargo, decidí “querer ponerme quimios”. No sólo porque el doctor me decía, sino porque era así mi deseo y siempre pensé que esa medicina, por muy drástica que fuera, me iba a ayudar.

 

5.- “…Pero”. ¿Será posible quitar el “…pero” del vocabulario? Yo lo relaciono con un pretexto o con un eterna inconformidad. Prefiero vivir situaciones dónde puedo influir positivamente para que las cosas sucedan o cambien. Prefiero vivir situaciones dónde, aún cuando no todo sea perfecto, esté satisfecha y disfrute sin “ver el pelo en la sopa”. ¡Que los “peros” se acaben! Claro, he vivido situaciones dónde la aceptación con amor es LA opcíón. Ojalá encuentre siempre la sabiduría para identificar cuándo dar todo mi esfuerzo para lograr y hacer cambios, así como saber cuándo dar mi esfuerzo para simplemente aceptar con amor. Usar la frase “sin embargo”, me ayuda a sustituir el “…pero”.

 

6.- “No”. En general, la palabra “No” quiero sacarla de mi vocabulario si quiero Supervivir. La palabra “no” está fuera del alcance del cerebro, por decirlo de alguna manera. Es una palabra abstracta y la mente carece de poder para registrarla. “No me quiero enfermar”. “No vaya a chocar”. “No quiero comer azúcar”. “No me vaya a caer”. “No te portes mal”. “No me quiero morir”. ¿Qué creen que capta nuestra mente? Lo que viene después del “no”. Preferible pensar y hablar en postiivo: “Me cuido de este cambio de temperatura”. “Manejo con precaución”. “Como cosas con menos azúcar”. “Estoy enfocado en mi equilibrio”. “Pórtate bien”. Y la que más me gusta: “Yo QUIERO vivir”; mejor aún, ¡”Yo VIVO”!

 

7.- Generalizar o Exagerar con los: “Nunca”, “Siempre”, “Todos”, “NInguno”, etc. ¿Y dónde quedan las excepciones? ¡Hay excepciones! Sí, creo que los extremos traen consecuencias a veces desagradables. A veces, frustrantes. Vivimos en un mundo dónde la excepción a la regla existe; dónde más nos vale ser flexibles si queremos ser felices y supervivir.

 

¿Cuáles son las frases anti-supervivencia que tú quieres quitar o has quitado? ¿Cómo las has sustituído? ¡Gracias por compartirlas! Así aprendemos cómo supervivir mejor, conectando pensamientos, palabras y también nuestro lenguaje corporal.