Vengo saliendo de una cita en un consultorio médico al que fui por primera vez. Estoy fascinada. Agradecida. Y sorprendida.

 

Quien me recibió y atendió en primer lugar fue una enfermera en sus 30’s, sonriente, alta, rubia y con tez muy bronceada. Digamos que nada fuera de lo común. Sin embargo, Britney, tenía algo SUMAMENTE “diferente”: arrastraba una pierna al caminar, sus manos agarraban las cosas con esfuerzo, sus ojos se movían como por sí solos y hablaba lento…muy lento.

 

Aquí la historia…

 

Hoy en la mañana tuve consulta con una reumatóloga. Aún cuando mi cita estaba programada para las 11:15 AM, llegué al consultorio a las 9:40 AM. Resulta que tenía programada una reunión vía Skype a las 10:00 horas, así que preferí llegar muy temprano, encontrar un lugar conveniente para tener mi junta, y al terminar mi llamada estar lista y puntual para mi cita médica.

 

Entré cargando mi bolsa, laptop, dos cuadernos, celular en la mano, vaso de té y me fui directo con la enfermera de recepción para firmar mi llegada. Dije un “Good Morning” sin mucha importancia. Me contestaron un “Good Morning” con una voz demasiado clara y precisa, lo cuál llamó mi atención. Era Britney. Aún estaba yo firmando mi llegada cuando le expliqué, sin ni siquiera voltear para verla a los ojos,  que sabía bien que había llegado muy temprano, demasiado temprano para mi cita, pero que iba a comenzar una llamada en 15 minutos, así que prefería sentarme en un rincón, hacer mis cosas y esperar a que me pasara con la doctora a la hora convenida.

 

Escogí mi rincón. Me senté un par de minutos. No más. Britney abrió la puerta y me dijo que “por favor” pasara. Otra vez escuché cómo sus palabras eran claras, pausadas…¡y ella bastante educada!

 

Sin embargo pensé: “¡Uf! ¡No me entendió!” (lo cuál por supuesto podía ser, ya que el inglés no es mi primera lengua). En ese momento me di cuenta de cómo arrastraba su pierna y cómo sus manos batallaban para hacer sus tareas. Me di cuenta que su voz tan clara y pausada era más bien producto del esfuerzo que ella hacía para que yo le entendiera.

 

Me agarró desprevenida. Evidentemente algo le había pasado. ¿Una parálisis de nacimiento? ¿Secuelas de un accidente cerebro-vascular? ¿Algún golpe en la cabeza que dejó consecuencias? No lo sé. No pregunté nada.

 

Arriba de la báscula le volví a explicar que mi llamada empezaba en 15 minutos, que había llegado temprano, pero que mi cita era a las 11:15 AM…bla-bla-bla…Me sentó para tomarme la presión, y volví a echar mi “rollo” acerca de que tenía prisa para mi llamada. Britney me pidió, diciendo claramente “por favor”, uno de mis dedos para colocar el oxímetro. Me felicitó por mi presión y mis niveles de oxigenación.

 

Pensé esto, más no lo dije: “Britney seguro no me ha entendido nada”. ¡Qué tontería más grande! Me tuve que tragar mis pensamientos.

 

“Hablé con el paciente de la cita de las 9:45 AM y viene retrasado. Te pasaré a ti y haré todo porque la doctora te vea antes de tu llamada”. Todo dicho muy claro y pausado. Quedé muda. Pasé al consultorio. La doctora entró a las 9:51 AM. Revisó unos resultados de laboratorio conmigo (¡los cuáles habían salido muy bien!) y se despidió de mi.

 

Es evidente que Britney tiene cosas MUY pero MUY “diferentes”: es muy educada y cortés, es sumamente empática, sabe anticiparse y busca soluciones, es valiente, es esforzada, es decidida, es optimista, es #SuperViviente.

 

¡Qué afortunadas DIFERENCIAS de Britney! Entonces, ¿porqué a veces yo no soy ni tan educada, ni tan empática, ni quiero ni busco la felicidad de conocidos y extraños, ni me esfuerzo tanto en lo que hago, ni soy tan optimista? ¿Qué me falta para ser así de “diferente” como Britney?!

 

Estaba pagando cuando vi el reloj: 9:59 AM. Y escuché una voz  pausada y clara: “Me alegra que estés a tiempo para tu llamada”.

 

¡Britney me hizo el día!