Era Marzo en California. El clima anunciaba la primavera y yo me preparaba para correr mi primer carrera. Siempre había hecho ejercicio; sin embargo, nunca había corrido. Comencé a aficionarme. Hice un poco de research, y pronto me encontraba ya, según yo, entrenando para correr profesionalmente. Cuando por fin creí estar lista, el resultado no fue el esperado: no alcancé la meta y aún peor, me lastimé. ¿Qué pude haber hecho diferente? Necesitaba una guía; necesitaba retroalimentación.

Invité a dos amigos maratonistas para que me acompañaran. Lo primero en lo que hicieron hincapié fue en mi alimentación. Durante todo mi primer entrenamiento mi forma de comer, aunque muy sana, no fue la adecuada. Si le hubiera dado a mi cuerpo mas “gasolina”, hubiera tenido la energía para terminar. Mis amigos me dieron otros consejos prácticos; sin embargo, como estaban lejos de dónde yo vivía, y quería una instrucción más personal, me inscribí en Berkeley en un taller para aprender la técnica “ChiRunning”.

Llegando al taller, Hazel, la instructora, me pidió que comenzara a correr; sin mas ni mas. Me grabó en video. Durante el taller Hazel nos explicó y enseño las técnicas para correr eficientemente y sin lastimarnos. Llegó el momento de mostrarnos esa teoría y práctica versus nuestros videos. No me gustó lo que vi. ¿De verdad eso hacía cuando corría? Pude detectar muchas cosas muy importantes a cambiar.

Ese día recibí una retroalimentación muy valiosa. Mejoré mi forma de correr y pude alcanzar la meta que me había planteado. Corrí mi siguiente carrera el 10 de mayo de 2014. Terminé en un mejor tiempo que el alcanzado durante mis entrenamientos y mi cuerpo respondió favorablemente.

 

RETRO-Alimentación de Hazel

Qué bien nos hace alimentarnos. Como cuando corrí mi primer carrera y no terminé por no alimentarme bien. Necesitaba energía y nutrientes.

¿Y cuál es el alimento que se requiere para mejorar el desempeño personal y de los equipos? Para mi ese alimento se llama Retroalimentación. ¿Qué recibo con la Retroalimentación? Un análisis de lo que estoy haciendo bien, de lo que puedo hacer mejor y de lo que debo dejar de hacer. Retroalimentar es una oportunidad para reforzar logros, rectificar o confirmar el camino por el que andamos, integrar y observar no solo los resultados, sino el camino que vamos recorriendo.

No me imagino a mi instructora Hazel retroalimentando solo lo positivo de mi estilo, para enfocarme en ello y convertirme en experta. Tampoco me imagino a Hazel enfocándose solo en lo negativo, sumiéndome en un sentimiento de poco logro.

En lo positivo se logra construir; en lo negativo se logra corregir y retomar el objetivo. ¡Todo un arte! Joseph Folkman (2006) decía que sin retroalimentación estamos caminando a ciegas, y él tuvo un propósito claro al escribir sobre este tema: lograr un CAMBIO. ¡Qué bien que haya camino por recorrer y condiciones para mejorar!